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    September 18

    UN CUENTO SOBRE PALOMAS

    UN PICHÓN LLAMADO “PICHI”

    Cuando Pichi logró romper el cascarón del huevo, se sintió mojado e indefenso. A su lado vislumbró  lo que debía ser un hermano suyo, aunque él, por supuesto, ignoraba lo que era tener un hermano, un papá o una mamá… Vio que el otro polluelo era más fuerte y estaba completamente seco, pero todo eso lo supo por instinto… Pichi no sabía que acababa de nacer, ni conocía nada del mundo, ni que todos los seres tenían padres… No lo supo hasta que “mamá” le regurgitó comida, a él y al otro polluelo, y luego lo hizo “papá”.

    Con el estómago lleno y la protección que sintió al conocer a sus padres, Pichi se relajó y dedicó todas sus jornadas siguientes a comer con ahínco y pedir comida a destajo. Se estaba bien en el nido: había alimento, calor y nada que hacer excepto esperar que sus progenitores lo alimentasen y lo cobijaran durante la noche, en las horas de calor o si había lluvia, pero… Un día, “papá y mamá” no le llevaron comida, ni a él ni a su hermano. Estaban raros y sólo pretendían echarlos del nido… Asustado, Pichi no supo qué hacer, ni qué significaba aquello. Pero los padres lo tenían claro: ¡Los polluelos debían aprender a volar!

    Temblando de angustia, Pichi vio cómo su hermano era perseguido por papá y mamá y echado del cómodo nido… Le vio indefenso y asustado, pero sólo hasta que movió las alas y se sostuvo en el aire. A partir de ese momento, el joven palomo pareció disfrutar de la experiencia y empezó a dar vuelos cortos pero apasionantes… Cuando le llegó el turno al protagonista de esta historia, el polluelo se sintió desfallecer. Intentó quedarse en “casa” pero sus padres no se lo permitían. Completamente asustado, Pichi fue empujado más allá del nido, hacia el vacío, pero la Naturaleza es muy sabia y el Instinto también. Movió sus alas y se sostuvo en el aire, como su hermano ¡Misión cumplida!

    Pichi pasó unos días algo confundido, pero había nacido en una ciudad grande y allí el alimento no faltaba. Aprendió a picotear las migajas que unos seres “raros” que andaban sobre dos patas dejaban en parques, calles y jardines; también conoció a otros congéneres y se hizo amigo de algunos de ellos. Los más adultos conocían lugares en los que dormir y anidar y Pichi fue tomando nota de todo aquello y adaptándose al pequeño grupo.

    Un poco después llegó la Primavera… El pichón sintió el deseo y el instinto de buscar pareja, una pareja que sería para toda la vida porque las palomas se “casan” para siempre. Intentó ligar con algunas hembras, pero resultó que todas estaban comprometidas o lo rechazaron sin contemplaciones… ¡Hasta que Sara se cruzó con él! ¡Qué guapa era, pensó Pichi! Le hizo la corte y ella lo aceptó. Tendría más o menos su edad, era algo tímida pero encantadora y se sintió satisfecha cuando Pichi le mostró el lugar en el que pensaba que podrían anidar.

    Sara y el protagonista vivieron su pequeña historia de amor acondicionando su nido, incubando los huevos y esperando la feliz llegada de sus retoños. Todo lo que desconocían lo sabían por instinto, esa poderosa fuerza que va más allá de la razón pero que es infalible.

    Un día, Pichi se quedó incubando los huevos mientras Sara iba en busca de comida a la cercana plaza, en la que esos “seres raros” habían echado un montón de alimento por el que ya se peleaban otras palomas. La tenía a la vista y, en cuánto ella llenara su papo y lo reemplazara en el nido, él haría lo mismo… Nada parecía entrever lo que iba a ocurrir:

    En cuanto Sara y varias docenas más de palomas se lanzaron hacia la comida regalada, una RED las apresó. A algunas aves se les trabaron las alas en la malla y sus huesos se rompieron; algunas más murieron de asfixia en medio de la maraña… Pero daba igual, TODAS estaban destinadas a perecer.

    Pichi miró sin ver ni entender. Asustado y angustiado, voló hacia la red pero no pudo rescatar a Sara. Lo último que percibió fue cómo esa “cosa” que había apresado a su pareja y a docenas de palomas era introducida en un camión y desaparecía…

    Incapaz de comprender lo ocurrido, el pequeño palomo sintió que el corazón se le partía. Llamó y buscó a su amada, pero no tuvo éxito. Ni siquiera fue capaz, con el alma rota, de seguir incubando los huevos… ¿Qué les había hecho Sara a esos seres raros? ¿Por qué le ofrecieron comida a traición? ¿Qué harían con ella? Solo y desesperado, Pichi hubiera llorado de haber tenido lágrimas… Ellos dos se casaron para siempre y ni siquiera pudieron sacar adelante su primera pollada… ¡Y era tan joven y guapa! Roto de dolor, el palomo pasó unos días en el nido esperando inútilmente la llegada de su compañera. Desconfió de esos “seres de dos patas” y no se atrevió a aceptar la comida que algunos le dejaban u ofrecían. Sólo empezó a alimentarse cuando el hambre lo mortificó, y lo hizo con cuidado, desconfiando y asustado. Jamás volvió a su nido. Sabía que cuando llegara de nuevo la Primavera su instinto le impulsaría a buscar compañera pero, por el momento, el tremendo vacío dejado por la bellísima Sara le partía el corazón y le quitaba las ganas de vivir…

    Nota:

    Es cierto que las palomas pueden suponer un problema en las ciudades, especialmente porque sus excrementos dañan edificios, esculturas y un largo etc. Pero yo vi con mis ojos cómo empleados del Ayuntamiento de Barcelona apresaban de forma cruel e infrahumana a esos seres y todavía conservo esa imagen, aunque han pasado muchos años.

    Quizá se podría plantear darles un alimento que las esterilizara (supongo que es posible). Pero ver cómo las redes apresaban a docenas de animales, les rompían las alas y las echaban en un camión como si fuesen basura me marcó y lo sigue haciendo. No hay nada más inhumano que el género humano. ¡De eso no tengo la más mínima duda!

    Pilar López Bernués.

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